Homenaje Póstumo al Comandante Tomás Borge Martínez
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Homenaje Póstumo al Comandante de la Revolución Tomás Borge Martínez por su Tránsito a la Inmortalidad
Palabras de Su Eminencia Cardenal Miguel Obando y Bravo
Le damos nuestras condolencias a la familia del Comandante Tomás Borge Martínez, así como a la Familia del Frente Sandinista de Liberación Nacional, por la pérdida de este nicaragüense que se nos ha adelantado en el Camino a la Morada, donde todos un día tarde o temprano iremos.
El Comandante Tomás Borge se distinguió por ser un Revolucionario con el más alto grado de Patriotismo, amando a Nicaragua, sin importarle su propia vida. Quiero testimoniar que el Comandante Borge fue un factor clave para el diálogo en la búsqueda de la Reconciliación, que trajo la Paz a Nicaragua.
Ya el Comandante Tomás Borge no estará físicamente entre nosotros, pero deja un legado a su familia, y al Pueblo nicaragüense. La Fé ve en la muerte una liberación de velos y ataduras; la llegada a la meta de una vida en plenitud con Dios. Es la llegada a la Morada definitiva, tras un penoso caminar por este valle de lágrimas, por muy lujoso que se describa.
Dios colma de todo deseo la dicha completa... el fallecido ha llegado a la Alegría de Dios. Pero la tristeza oprime a los que se quedan; desearían retenerlo para siempre, pero la muerte viene a dar un cruel corte irreparable. El Difunto se va a la dicha, pero sus familiares y amigos quedan en la prueba. El dolor de esta prueba, sólo se mitiga con el pensamiento de su Victoria. Toda muerte por más que venga anunciada, tiene siempre algo inesperado y sorpresivo. Vivimos en la situación sin saber cuándo llegará la orden de levantar la acampada para seguir la marcha adelante.
Cada uno que se va enseña un poco más sobre nosotros mismos, aunque la enseñanza sea muy costosa. Todo aquí es transitorio, no tenemos una Ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura.
La casa, el piso, es una constante preocupación desde que uno se siente responsable de su propia vida, y de una familia. Es un lugar de acogida, de Paz, de intimidad, un refugio, lo mismo para el niño que para el anciano, que se recibe al nacer, y se abandona al morir, porque somos huéspedes transeúntes, y todo aquí es transitorio. Pero la Fé enseña que tenemos una Morada permanente; Jesús promete: “En la Casa de mi Padre hay muchas Moradas, y yo me voy a preparar un lugar, y volveré a recogeros para que estéis para siempre conmigo”. Nuestra Patria es el Cielo.
El dolor de la separación no debe enturbiar la visión de la Esperanza, sino al contrario, en la Esperanza debemos encontrarle aditivo en el dolor. Cada día vemos cómo personas que hemos conocido, que hacían sus planes con nosotros, quedan de repente truncados por la muerte; y aunque no es posible de este lado de la muerte, una experiencia, y lo que significa ser engullido por ella, sabemos por la Fé, que la Vida es una continuación. Que de la Vida que acaba puede brotar una Vida que empieza para no tener fin. La vida no se quita, sólo se transforma.
La Vida de aquí y sus cosas, es algo provisional. Morir es una parte de la Vida. La tienda se desmorona, pero en la Patria tenemos una Morada indestructible. Sabemos que Cristo está allí, y nos tiene preparado un lugar, para que donde esté Él, estemos también nosotros. La Fé Cristiana nos dice, que la Vida Humana no cae en el vacío de la nada con la muerte, sino en la Plenitud de la Comunidad de Vida con Dios.
La muerte es oscuridad que hereda tristeza. La Vida en Dios es Luz portadora de Esperanza. Jesús es descanso para los que ya llegaron a la Casa Permanente, y Camino, Verdad y Vida para los que estamos en marcha. A Él vamos más o menos penosamente, más pronto o más tarde, porque todo es cuestión de fechas. Pero confiamos en Su Palabra: “No se pierde nadie de los que creen en mí”.
Ahora pidamos, hermanos, todos juntos a Dios Nuestro Señor, que tenga Misericordia de este hijo suyo, el Comandante Tomás Borge Martínez, a quien mandó a salir hoy de este Mundo, y que no olvide, sino que sus Ángeles lo reciban, y lo introduzcan en el Cielo. Recibid su Alma, ofrecida a la Presencia del Altísimo. Acudid Santos de Dios, salid al encuentro Ángeles del Señor. Que Cristo, que te llamó, te reciba, y que el Coro de los Ángeles te introduzcan en el Cielo. Dadle Señor el Descanso Eterno, y brille para él la Luz Eterna.







